Oscar Wilde y Zidane (y Shakespeare, claro)

Los grandes genios de la literatura son, para que nos entendamos en una metáfora barata pero fresca y que funciona, como los magos del fútbol: hacen de modo fácil lo inasequible para el común de los mortales.
Igual que Zidane controlaba una sandía meteórica (es el de la foto, sí), Oscar Wilde (el de la otra foto) une con sentido y en una sola frase dos de los conceptos más complicados de la existencia humana: la libertad limitada y la pasión.

Tal cual lo deja caer en "El retrato de Dorian Gray":
"Ella era libre en la cárcel de su pasión". 
La cárcel de las pasiones: ¡qué gran expresión paradójica!
¿No es la pasión lo más libre? ¡Qué suerte ser apasionado de algo! Vivirlo con intensidad. ¡Bien por las pasiones! 
Pero... ¡hay un pero! Si se las deja totalmente libres, esclavizan, aunque tarde uno en darse cuenta. 
Ser apasionado: una suerte. Ser esclavo de las ganas: triste cosa.
Para más datos, Dorian Gray.

Aquí iba a dejarlo, cuando he recordado una cita de Shakespeare, otro genio del balón literario. En Hamlet describe lo mismo a las mil perfecciones: no es fácil reconocer que la pasión te ha cegado y eres ya un esclavo: un obseso, un adicto. 
Y, en ocasiones, puede convenir —a las malas personas, que quieren usar a otros— que otros crean que son libres, esclavos como son. Maravilla que esculpe Polonio
"No le hagas imputaciones de otro modo, diciendo que es muy dado al desenfreno, eso no: tú habla de sus faltas con tal arte que parezcan las lacras de su libertad, el estallido de un ánimo fogoso, la braveza de una sangre indómita que a todos les asalta."

No es que sea malo, es que es tan auténtico que hace siempre lo que le sale. 
Tarde verá que no es lo que le sale, sino lo que no sabe frenar, y no sabrá hasta cuando no le convenga. 

 

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