Con su apariencia rudimentaria, el rugby puede servirnos como maestro en nuestros tiempos revueltos. Como todo deporte, puede enseñarnos la constancia, la fortaleza y demás.
Pero hay —además de eso— algo en este disciplina que nos viene de perlas hoy día. Como supongo que es sabido, el rugby tiene una peculiaridad que lo convierte en todo un juego de estrategia. El equipo no puede tirar el balón hacia delante. Si quiere avanzar pasándolo de unos a otros, debe hacerlo enviándolo hacia atrás. Avanzar y retroceder.
Es una bonita imagen de qué es la tradición en una cultura: algo, pasado, que unos hombres pasan a los que vendrán, para que siempre sea presente. Y siempre tenga futuro.
Conviene enseñar a los jóvenes —pasarles la bola— lo que a nosotros nos han pasado desde su pasado. La tradición consiste en que la cadena no se rompa, no vaya a ser que avancemos sin balón: sin sentido. Y el mero "ir hacia adelante" sea más bien un retroceso. Y la causa de cierto vacío existencial.
Citar a Viktor Frankl en este momento es oportuno. Define muy bien que, sin tradición, un hombre está perdido de ese concreto modo ya expuesto:
El vacío existencial es un fenómeno muy extendido en el siglo xx. Eso es comprensible y puede deberse a la doble pérdida que el hombre tiene que soportar desde que se convirtió en un verdadero ser humano. Al principio de la historia de la humanidad, el hombre perdió algunos de los instintos animales básicos que conforman la conducta del animal y le confieren seguridad; seguridad que, como el Paraíso, le está hoy vedada al hombre para siempre: el hombre tiene que elegir; pero, además, en los últimos tiempos de su transcurrir, el hombre ha sufrido otra pérdida: las tradiciones que habían servido de contrafuerte a su conducta se están diluyendo a pasos agigantados. Carece, pues, de un instinto que le diga lo que ha de hacer, y no tiene ya tradiciones que le indiquen lo que debe hacer; en ocasiones, no sabe ni siquiera lo que le gustaría hacer. En su lugar, desea hacer lo que otras personas hacen (conformismo) o hace lo que otras personas quieren que haga (totalitarismo).
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