¿Miércoles de ceniza en el s.XXI?


Ayer, miércoles de ceniza, en una sencilla ceremonia se impuso la ceniza a quienes quisieron. Por la tarde, un chico de casi dieciocho, me comentaba las palabras de un amigo suyo: "me parece una parida. Si al menos fuera un sacramento... Pero estas cosas...". Supongo que se quedó tan ancho. No me parece raro. "Se están perdiendo los símbolos y su valor", podría decir. Y me equivocaría. Lo que se está perdiendo no es eso, sino el conocer su significado, que no es lo mismo.
A todo aficionado le parece normal que al iniciarse los partidos, suene el himno. O que en determinado minuto, determinado equipo aplauda: en honor a su estrella fallecida, por ejemplo. Como estos, miles de ejemplos. Pero para saber qué está pasando ahí —para entender el símbolo— es necesario estar implicado, estar en el contexto. Ese es el problema del amigo de mi amigo. Y el de muchos. 
No nos sobran los símbolos. Nos encantan: el hombre es una animal simbólico, el único. Pero hay que aprenderlos. Y reaprenderlos.
La ceniza, por ejemplo, es un símbolo muy potente. 
"Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris"
"Recuerda, hombre, que eres polvo y al polvo volverás", señala la ceremonia, citando a la Biblia. 
"Pero polvo enamorado", añadió —que no inventó: la Iglesia sabe que no somos cualquier tipo de barro, sino uno querido por Dios— Quevedo en un poema impresionante, que también se puede recitar de modo sentido. Somos polvo enamorado. Gran visión del hombre. 
La ceniza que se impone en las cabezas no es, a su vez, una ceniza cualquiera. Dicen las instrucciones litúrgicas de ese día: 
"En la misa de este día se bendice y se impone la ceniza hecha de ramas de olivo o de otros árboles, bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior". 
O sea, que está hecha de los ramos, de la alabanza. Quieren sugerir que esto se acaba, para que, con lo mejor de lo que hemos hecho, vayamos a otro lugar. Todo eso es la ceniza: un símbolo que nos recuerda que esto se va y que hay que aprovecharlo, porque es buenísimo. 
Pero no es lo mejor, que nos espera después, en la segunda parte del único partido.

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