
Hoy día parecen más palacios que lavabos. Da hasta cosa ensuciarlos. Que a eso vamos: a lavarnos, dejando lo sucio. No digo yo lo contrario, cosa que sería extremista también. (Ya sabes a qué me refiero: una sala con suelo de tierra y un hoy en medio, o en una esquina. En otra esquina, un tubo de plástico del que saldría agua con barro. Y, a lo sumo, un pote de jabón; o una pastilla).
Pero me parece un poco exagerado. ¿La razón? El excesivo culto al cuerpo, y a la propia imagen.
Recuerdo que, hace ya unos años, conocí a un chico lituano. Se sorprendió mucho del tamaño de los espejos de mi casa. Por la misma razón.
Da que pensar.
Propongo tener en cada casa una sala de estar con biblioteca digna y con películas clásicas. Para contrarrestar, como mínimo, y cultivar el espíritu. Y, a ser posible, una sala con dos o más sofás, donde hablar con los demás y dedicarse a ellos. Sin wi-fi, por supuesto.
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