
Lo que podemos decir son varias cosas que ocurren y que nos pueden pasar a todos.
Para ello, voy a ayudarme de una foto que hice por la calle hace un tiempo. En una puerta, una pintada interesantísima: dos versos de cuatro sílabas: "menos móvil, más moverse". Me hice la foto con un amigo: las sombras muestran un apretón de manos. Y la diferencia de altura, entre otras cosas.
Sobre una aplicación particular de esto quería hablar.
El uso del whatsap para casi todo.
Hace unos años aprendí la expresión italiana "a quattr'occhi", que significa "a cuatro ojos"; es decir, a la cara, a solas: viéndose. Y me pareció buenísima para explicar lo que nos podemos estar perdiendo hoy día algunos casi sin darnos cuenta. Digo "casi" porque creo que sí advertimos lo que nos pasa, aunque sea algo incómodo de reconocer.

No sé si es exagerado.
Lo que sé son dos cosas: primera, que el chico que fue a visitarle no había caído en la cuenta de que podía hacerlo; segundo, que antes sí se hacía.
De sobras sé que es complicado: hay grados de amistad y conexión. Bien, no pasa nada. Uno tiene que saber discernir.
De sobras sé que es complicado: hay grados de amistad y conexión. Bien, no pasa nada. Uno tiene que saber discernir.
El resumen que puede sacarse -y que algunos sabemos ya gracias a que nos educaron así- es sencillo orden de prioridades en la comunicación: primero, verse (el contacto "a quattr'occhi"); si no, llamarse: la voz humana es maravillosa; si no, un mail o whatsap, que ya es algo.
Y eso, para todo: para hablar con los compañeros, para felicitar a un amigo, etc.
La educación de la personalidad y la tecnología deberían ir de la mano.
Anexo:
¿Qué más le da a uno que Google le felicite el cumpleaños? Un ordenador debería importarle un carajo: tiene el dato de que es el cumpleaños -uno se lo da por razones crematísticas, pero sin ningún interés personal- y una simple función -si hoy es tal día, felicítale: un simple y lógico "si p luego q"- genera un "muchas felicidades" en la pantalla.
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