¡Cementerio a la vista!

Ya que se acerca noviembre, mes de los difuntos, aprovecho y lo cuento. 
Hace un tiempo, yendo con un gran amigo a dar un paseíllo en bici, acabamos en Santa María de Talló. Y ahí, sin comerlo ni beberlo, como salida de la nada, una iglesia del siglo IX. Ya reformada, claro. Añado foto de internet. 
Sin embargo, lo que más men llamó la atención fue el precioso cementerio —por mucho que suene a oxímoron—  que tenía anexo: bien cuidado y bien cementerio, de la ce a la o.

La muerte a la vista: en plena cara. A mí, personalmente —y supongo que por eso lo ponían ahí entre otras cosas— me dijo: "mira, José: estás de excursión en un día soleado, disfrutando. Un día morirás. Aprovecha el momento". 
El carpe diem, que tantas versiones tiene, también la cristiana: aprovecha este disfrute que luego viene otro mejor todavía.  
Y lo de Jorge Manrique, vamos: sus Coplas a la muerte de su padre:
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada         
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,           
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.     
Antes —yo tampoco soy un anciano aún— a algunos nos la hacía memorizar y recitar. Buenísima.
Ahora, la muerte se nos esconde. Y es natural y antinatural a la vez. Natural porque de hecho todo acaba. Y antinatural porque hay un algo que nos dice que no debería ser así
Luego, lo de siempre, viene el catolicismo y te dice que, efectivamente, tus anhelos son naturales. La resurrección no ya del alma, sino de la carne: el hombre no es espíritu. Lo que tanto nos hizo disfrutar y a veces sufrir —el cuerpo— volverá. En plenitud. 

Pues bien. A eso me refería. Se esconden los cementerios (se suelen poner ahora en las afueras) porque tal vez ya no se entiende la muerte en nuestro panorama. Es como la hija fea en la familia de rubias: que no salga en la foto. Pero, mira, es tu hermana. Es este, además, un mal ejemplo, porque es solo fea en apariencia. Quizás el patito feo nos sirva para eso. O la cenicienta, mejor incluso. 

No sé si compensa esconder  la muerte. Sí me parece que compensa darle vueltas de vez en cuando, de modo sano y razonable. Y más ahora, cuando los transhumanistas pretenden acabar con ella a toda costa (y sería clave aquí el "a toda costa"). Es la última herencia del cristianismo, parecen decir entre dientes. Pero esto ya va para otro día. 

Un refrán sencillo para acabar:
"Muerte, infierno y gloria
 tiene el cristiano en la memoria"
Así se decía antes.  
Pues eso.

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